Renault Kwid en Colombia: nuestras impresiones


Por: Sebastián Peñuela
Twitter: @CarJournalist

Fotos: El autor y Renault Press


Renault es una marca de contrastes: busca posicionarse en dos frentes, el de poder adquisitivo y lujo medio-alto para seguirle el paso a su rival Peugeot, y el segmento popular, que hasta ahora ha sido cubierto por los productos creados en alianza con su filial rumana Dacia, de donde han salido los carros y camionetas que tan buen resultado le han dado en la última década. Sin embargo, este último segmento no todo está dicho, y desde 2014 se ha venido cocinando una ultima jugada que promete ser el siguiente best-seller de la firma gala a nivel mundial y local.


Se trata nada menos que del -muy- esperado Renault Kwid, que la marca busca situar como una micro SUV del segmento A que siendo unos centímetros mas grande que un Twingo, le promete movilidad económica a quienes buscan un vehículo utilitario, simple, de bajos costos de mantenimiento pero con índices de protección pocas veces vistos. En otras palabras, el nuevo vehículo de acceso a la marca.

Pero, ¿por qué existe el Kwid? Verán, los anteriores carros entry-level de Renault en Colombia (Logan, Sandero y Duster) fueron concebidos como un automóvil económico que costase menos de €5.000 en los mercados europeos. Al final del desarrollo estaba claro que ese objetivo no se iba a lograr, pero igualmente consiguieron una plataforma competente con la que salvaron sus ventas, porque los Renault hechos en Corea del Sur y Francia se habían convertido en “muy caros” según los compradores colombianos, esos que hicieron entonces fracasar al Twingo II, al Megane II y al Fluence porque “como se le ocurre que vamos a pagar 30 millones por un Twingo”, entre otras barbaridades. Les recuerdo, gente, que dicho comportamiento forzó la entrada del segmento low-cost que tanto les gusta odiar a algunos arribistas. Ante esa baja en ventas que propiciaron fracasos comerciales, Renault apostó por Logan, Sandero y Duster, probando ser una jugada maestra que ahora elevó la marca al liderato en ventas, desbancando a Chevrolet luego de 60 años continuos de gozar ese puesto.


Sin embargo, conforme dichos éxitos comerciales de Renault Sofasa, han sido rediseñados ganando más equipamiento y seguridad, se alejan cada vez más de los otrora precios asequibles, por lo que hay que recurrir al mercado del usado. Para ello existe el Kwid, para acercar nuevamente a las personas a las vitrinas con una promesa de utilidad y conveniencia. Entre esas personas están las familias jóvenes y el tan cacareado grupo de los “millennials”, quienes resultan ser consumidores más conscientes en cuanto a seguridad, espacio y consumo.

La Alianza Renault Nissan (que hoy también incluye a Mitsubishi) develó una nueva arquitectura de chasis llamada CMF o Common Module Family por sus siglas en inglés. Al igual que la famosa MQB del Grupo Volkswagen, esta plataforma es modular y está diseñada por ende, para ser la base de varios modelos a lo largo de todos los segmentos, incluyendo los futuros Sandero y Logan. El Kwid es el primer auto en usar la CMF-A, que luego se destinó para un segundo auto llamado Datsun redi-GO, hatchback exclusivo para el mercado de India.


Hablamos de India porque fue un lugar clave para el nacimiento del Kwid, ya que fue pensado inicialmente para conquistar ese difícil mercado en desarrollo, en dónde la gente ya puede permitirse algo más que una motocicleta Bajaj, pero no quiere algo tan absurdamente espartano -y feo- como un Tata Nano. El diseño del “Renault para India” estuvo a cargo de Gérard Detourbet, actual director de la Unidad de Desarrollo del Segmento A para Renault Nissan, y quien fuera el padre de la plataforma X90, como se les conoce a Logan y Sandero. Aunque inicialmente, Renault había conformado una alianza con Bajaj para producir un auto que sirviese de puente entre las motocicletas y los carros, la agenda no prosperó y la marca gala decidió tratar por si misma de conquistar el mercado indio desarrollando el Kwid, con tanto éxito, que hoy día cuenta con el 10% de la participación en ese teatro de ventas luego de ser lanzado en 2015, obteniendo 70.000 reservas en 2 meses.

El diseño creado por Detourbet consiste en un pequeño crossover urbano si se quiere, de 5 puertas, cola corta que esconde un baúl de 290 litros (que aumenta a 1.100 al abatir las sillas traseras), un frontal apenas largo como para albergar el pequeño motor y una estética exterior adorable que sigue el lenguaje de diseño de la marca, que en este caso parece haber mezclado aspectos del Clio II y la Duster, con boceles y apliques de carrocería inferiores en plástico negro para protegerlo de los caminos semi-preparados y francamente dignos de la Luna.


La posición de manejo es alta: 180 mm, como se puede esperar de un carro ensado para los caminos no-tan-del-primer-mundo, mientras que su longitud de 3.679 mm lo ubican como uno de los supermini que competiría con los Chevrolet Spark GT Activ, Kia Picanto X-Line, Fiat Mobi, Suzuki Ignis y Volkswagen Cross Up!.

El Kwid no debe ser pensado sino como el verdadero auto de entrada a la gama Renault, ocupando el espacio alguna vez ocupado por el Twingo y el Clio Campus. Esta vez, se trata de un auto global, que se ha convertido en un superventas en India, y que ya muestra signos del mismo éxito en Latinoamérica. Aunque para lograr ganar tracción aquí, Renault tuvo que modificar extensamente el vehículo. Verán, cuando se sometió el Kwid indio a las ya usuales pruebas de choque en 2016 por Global NCAP, los resultados fueron decepcionantes: 0 estrellas. De inmediato, la Renault fue puesto contra la pared de parte de la agencia evaluadora, los medios los gobiernos y la misma gente, forzando hasta 3 rediseños estructurales del vehículo en 2015, 2016 y 2018, cuando también se le incluyeron airbags, sistema de frenos ABS y mas refuerzos en su estructura, que suma casi 200 kilos de peso.


Gracias al nivel de exigencia de LatinNCAP y a sus evaluaciones (realizados en Alemania junto con el ADAC) ha logrado hacer triunfar o fracasar a varios modelos disponibles en la región. En las pruebas para América Latina, el Kwid reformado, con 4 airbags y hecho en Brasil obtuvo 3 estrellas, debido a que la marca no ofrece control electrónico de estabilidad, no tiene interruptor de desconexión de airbag del pasajero y no tiene sino 4 cinturones de seguridad de 4 puntos. No deja de ser, sin embargo, una calificación positiva.


Si echamos un vistazo bajo el capó motor, encontraremos uno de los primeros tricilíndricos ofrecidos por la marca en la región: se trata del SCe (Smart Control Efficiency) de 999 centímetros cúbicos y 12 válvulas que produce 66 HP de potencia y 93 Newton/metro de torque. La potencia es transmitida a las ruedas delanteras de 14” gracias a una caja manual SF1 de 5 velocidades. La marca afirma que este motor de bajo consumo, sumado al escaso peso del auto es suficiente para propulsar al Kwid con soltura por las congestionadas calles de la ciudad. La prueba máxima será probarlo a capacidad completa, en un trancón o acometiendo cruces y esquinas, para saber si la comodidad está a la altura de las expectativas debido a que tiene 18 centímetros de despeje al suelo pensados para la jungla urbana, además de encontrar su la transmisión y el motor logran sacar de la inercia fácilmente o si el doblar las esquinas no le producirá inconvenientes.


En su interior el tablero o millaré es amplio y sencillo, enteramente en plástico rígido con texturas y algunos apliques tipo Piano Black en el centro, de apariencia familiar: en la parte central, la consola equipa el ya conocido sistema LG Media Evolution compatible con Android Auto y Apple CarPlay, que se encuentra en los Logan/Sandero/Duster en la versión Outsider y un radio convencional en las otras. Debajo, los controles análogos del aire acondicionado, la toma USB y el conector de 12 voltios, mientras que el cuadro de instrumentos es análogo, sencillo y básico, con varios testigos luminosos, tacómetro y velocímetro, que domina el panorama. El timón no es del tipo multifunción, algo que se puedo perdonar por ahorrar costos en vista de ser el vehículo de entrada a la marca.


Para el mercado colombiano, (el cual tuvo una muy exitosa reserva de 1.200 cupos durante el Salón de Bogotá 2018, iniciando preventa el 1 de marzo de 2019) el benjamín de Renault se ofrecerá en 3 versiones que difieren, principalmente del equipamiento disponible, así pues el más sencillo es el Kwid Life, que aún así equipa frenos ABS con repartición electrónica de frenado, alerta de olvido de cinturón para conductor y copiloto, 4 bolsas de aire (2 frontales y 2 de cortina), anclajes tipo ISOFIX para silla de niño, 5 apoyacabezas y radio Bluetooth/USB con doble DIN. En el apartado de los frenos, nos llama la atención el hecho de incluir discos adelante y campanas atrás, una solución que empieza a ser rara hoy día, pero que por cosos de mantenimiento es la mejor. Además, teniendo en cuenta la masa total, que en el Kwid Outsider no llega a los 800 kilos, seguramente no necesitará los discos traseros. El que le sigue, llamado Kwid Zen, añade a esa lista el limpiaparabrisas trasero y la llave con bloqueo central remoto incorporado. Por otro lado, la nueva versión Outsider agrega exploradoras, mas boceles exteriores, barras de techo, insertos de color naranja en silletería, timón y palanca de cambios, el sistema de infoentretenimiento con pantalla de 7” y función de ecoscoring y ecosharing, un programa interesante para practicar eso del hypermiling, es decir, la práctica de obtener el mejor consumo posible en los trayectos, algo que seguramente les gustará a los millennials, que buscan no contaminar el ambiente donde los osos polares y otros bichos habitan.


Luego de la emoción inicial y de la sorpresa, nos encontramos con muy simpatico hatchback urbano cuyo diseño está fuertemente influenciado por la Captur (luces y portón trasero), Duster (frontal) y Clio II (dimensiones y diseño lateral), que aunque goza de buen despeje al suelo, no es ningún SUV. No se engañen, es un truco de mercadeo muy bien ejecutado, pero a pesar de su bocelería en plástico negro para proteger la carrocería y hacerlo ver más robusto, es apenas un utilitario para 5 -algo apretados- pasajeros. Pero no nos equivoquemos,por más mercadeo que se le haga, no es una micro SUV ni crossover, el Kwid es un city car robusto y frugal.

Este tipo de vehículos son la esencia no solo de Renault, sino de los vehículos franceses, carros sencillos, populares y bonachones, destinados a continuar la visión de Henry Ford, movilizando a la gente, o por lo menos acercándoles la posibilidad de tener un auto nuevo, básico, pero con las medidas de seguridad pasiva y activa que por ley, deben ser incluidas hoy día. Ese será el secreto del éxito del pequeño Renault en los mercados donde se vende, es decir, América del Sur, India y Suráfrica. Por ahora.

En la versión Outsider, la que probamos, encontramos una llave con el módulo del bloqueo de puertas centralizado, aunque si creemos que para un auto con la promesa de su popularidad, una alarma vendría muy útil, así mismo, pernos de seguridad serán necesarios, y ojalá, películas de seguridad, para darle un mayor índice de protección contra el hampa.


Ingresar al Renault Kwid es muy fácil gracias a los casi 90º de apertura de sus puertas. En la plancha frontal, o tablero, se encuentran los instrumentos más básicos: tacómetro, velocímetro y un medidor en LCD para la gasolina con un pequeño computador de abordo: autonomía, kilómetros recorridos y Trip A y B. Tiene alarma sonora y de testigo para no olvidar usar los cinturones de seguridad delanteros y el GSI o Gear Shift Indicator, que le avisa al conductor cuando es el mejor momento para subir o bajar de marcha de acuerdo a la velocidad y posición del acelerador. El resto del diagnóstico del carro se hace con testigos luminosos, que se encienden solo cuando algo está fuera de los parámetros, algo útil pero que impide monitorear las condiciones de temperatura, presión y demás detalles del motor.


El interior, aunque sencillo gala de una muy buena calidad de ensamble, lo cual pudimos notar cuando, al pasar por la vía que nos condujo al Neusa, no se escuchaba ningún panel plástico ni elemento fuera de lugar después de pasar, con cupo completo, por lo la trocha que el Gobierno insiste en llamar vía. Eso si, hay que anotar que el techo en la parte trasera es apenas justo para las personas de 1.75 metros: Las personas más altas sentirán la cercanía del techo y de las manijas de acceso. Otra cosa que llama la atención es la distribución de su espacio interior, algo que comparte un poco con el ya mentado R4, y es que son algo estrechos, diferenciándose grandemente del Twingo I, que se percibía como pequeño por fuera, pero muy espacioso por dentro


Aunque el Kwid Outsider incluye elevavidrios eléctricos, solo son para la parte delantera, y los botones están situados en la consola central, bajo el sistema multimedia. Los pasajeros de atrás tienen que recurrir el milenario sistema de manivela, el cual, cuenta la leyenda, sube y baja los vidrios traseros usando la fuerza de los brazos, algo que enseña carácter. De igual forma, la visibilidad trasera deja mucho que desear, la ventanilla es muy estrecha y por eso, el ejercicio de estacionamiento puede ser uno que se domine con mucha práctica o instalando el en concesionario sensores y cámara de reversa. Al lado de la silla del conductor también se encuentra la palanca para abrir la puerta de la gasolina y la apertura remota del baúl, que también se puede abrir a la vieja usanza: con la llave de encendido. Ese es un detalle práctico y que no deja depender al usuario exclusivamente de la llave, evitándole el a veces engorroso proceso de apagar el Kwid para bajarse e ir a operar la apertura.


Si optan por un Kwid Life, se obtiene dirección mecánica, similar a la del Twingo, aunque seguramente no tan pesada como la de ese carro; las versiones Zen y Outsider ya cuentan con dirección asistida eléctricamente. Las ruedas de 14” del Kwid tienen rines de acero con copas embellecedoras para las versiones Life y Zen, pero en la versión Outsider usan algo que denominan Flexwheel, el cual es un rin de acero negro con apenas 6 orificios de ventilación, sobre el que va puesto un embellecedor también negro que lo cubre completamente, dando la apariencia de ser una rueda de aleación. La economía de operación también se nota con el único brazo limpiaparabrisas frontal y la opción de ser equipado el trasero desde la versión Zen.


El Kwid no tiene volante con los controles de la radio, un aspecto refrescante, ya que invita a la conducción: dejen que el copiloto se encargue de la navegación y la música, para eso existe. Eso si, una toma USB y otra de 12V están a la orden en la parte baja de la consola central. Las sillas, tapizadas en tela están pensadas eminentemente para los paseos citadinos, porque su posición es buena, el piso es lo suficientemente bajo pata que la postura sea más natural y la amortiguación es firme pero no incómoda. Sin embargo, la sensación es que la dureza de las espumas no lo hace muy cómodo para viajes largos. Y es que este es un vehículo que aunque tiene buena capacidad de pasajeros y carga, tiene que probar su valía en un paseo típico colombiano: unos rieles de techo de verdad para equipaje serían buenos como opción, porque los que actualmente ofrece Renault son de tipo decorativo, y eso solo arruina la aerodinámica de forma inútil.


En el desempeño, es todo lo que se espera de un auto de ese peso y motorización, es decir que la aceleración es lineal y buena, pero no romperá ninguna marca de agilidad. Con un tiempo de entre 15 y 16 segundos para lograr 100 km/h, el Kwid tiene una aceleración “adecuada” gracias a las relaciones de caja que como es usual en Sofasa, fueron calculadas especialmente para la geografía colombiana. El motor es alegre y lo mejor es mantenerlo en un rango de RPM entre 2.000 y 4.500, como si de una moto se tratase, para que entregue siempre todo el torque y caballaje disponibles. Al ser tan ligero, el sistema de frenos ABS no es muy intrusivo, mientras que la suspensión absorbe sin queja las irregularidades del camino, estando lograda más para la ciudad que para la carretera.

El auto está sorprendentemente bien aislado gracias a los variados aislantes en poliestireno expandido (el famoso y mal llamado icopor) que utiliza, eliminando casi por completo ruidos y vibraciones molestas, dejando la única opción de por ejemplo, confiar en el tacómetro para calcular la velocidad del motor, ya que el oido no será de mucha ayuda.


Así mismo, tendremos que probar el desempeño del auto en el trayecto más común en época vacacional: Bogotá-Melgar-Bogotá, algo que presumimos, nos dará la medida de si el Kwid es digno sucesor espiritual del R4, el primer carro de tantas familias y compañero de tantos kilómetros.

Cierto es que no hay ya una posguerra mundial ni una crisis de materiales que haya impulsado al Kwid a nacer como sucedió con el 4L, pero el principio subyacente es el mismo: Movilidad fácil, económica, fiable y sin pretensiones. Solo los galos, en su excentricidad, podrían idear autos así.

Si lo pensamos bien, el Kwid ostenta atributos similares a los de un carro muy querido por los colombianos y en todo el mundo: el Renault 4L, que hasta ahora es el automóvil francés más exitoso de la historia (y el tercer auto mejor vendido en la historia mundial), con poco más de de 8 millones de unidades producidas en 31 años de existencia. Si, valdría la pena considerar al Kwid como una reedición de los principios del R4: de mecánica sencilla, ligero, utilitario, con espacio para 5 e igual número de puertas, compacto y pensado para un mundo en vías de desarrollo, con suspensión elevada y capaz de acometer los caminos tercermundistas, ruedas de 3 pernos como en los Renault de antaño y destinado a ser el primer carro gracias a sus asequibles precios. Por ahora damos la bienvenida al nuevo carro popular de la marca gala, que muestra gran capacidad para recordar sus inicios reeditando sus raíces, y prometiendo movilizar a una nueva generación de colombianos.
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