El GT según McLaren


Por: Gustavo Hernández
Twitter: @gusgushernandez

Fotos: McLaren Media Centre

En el estilo del clásico vestido Chanel multiusos de Marge Simpson, McLaren presentó el GT, la última iteración del maridaje chasis-motor que ha utilizado en la totalidad de sus modelos.

En el interminable portafolio de la firma inglesa (dividido en 3 familias: Sport, Super y Ultimate), que va desde el básico 540C hasta el enajenado Senna GTR, aún había espacio para un modelo más, en este caso un Gran Turismo interpretado de la forma más McLaren posible. En un segmento tan tradicional donde el cambio y la innovación no suelen ser muy bien recibidos, el McLaren GT quiere romper el status quo con su espíritu picante y deportivo, eso sí sin perder la elegancia que caracterizan a los gran turismos.

Con rivales de la talla del hermoso Aston Martin DB11, el descomunal Bentley Continental GT o el italianísimo Ferrari GT4C Lusso, la tarea no parece fácil. La primera rebeldía de los de Woking es romper el molde del clásico GT europeo en el cual el motor siempre va adelante, los pasajeros al medio y el inmenso baúl atrás: el McLaren GT se asienta sobre una versión modificada de su plataforma de motor central que usa la totalidad de sus modelos, en este caso afinada para lograr mayor espacio interior y una marcha más suave. El corazón de esta noble bestia es el (oh, sorpresa) V8 de la casa sobrealimentado y con un desplazamiento de 4 litros, esta vez ofreciendo unos nada despreciables 620 HP y 630 Nm de torque, logrando 0-100 km/h en escasos 3.2 segundos hasta alcanzar una velocidad máxima de 326 km/h, cifras que lo ponen en un territorio más cercano a los supercars que a los GTs.

Desde afuera, el GT es decididamente un McLaren, tomando formas del resto del portafolio de la firma, aunque atenuándolas para dar un look más elegante y distinguido. Aún así, si se estacionamos un GT al lado de un Aston Martin o un Bentley, el McLaren lucirá mucho más deportivo y desfachatado, principalmente gracias a las enormes tomas de aire laterales y a su silueta agresiva y afilada.

En el interior la cosa cambia, si bien guarda similitud a sus hermanos de marca, la enorme superficie acristalada le confiere una mayor sensación de amplitud y una mejor visibilidad. Los materiales de la cabina también generan una percepción diferente, remplazando la fibra de carbono y alcantara por metales pulidos y cuero de napa. Para reforzar la sensación de gran turismo de largo aliento al interior de la cabina, McLaren ha desarrollado un sistema de suspensión, dirección y frenos específico para este modelo, acentuando la sensación de confort y convirtiendo la conducción por autopistas en una experiencia inigualable.

Sin embargo la receta del grand tourer perfecto requiere un baúl generoso, y si bien el McLaren GT partía con desventaja por su disposición de motor central, los ingenieros de Woking tuvieron que ideárselas para lograr encontrar espacio donde los afortunados propietarios de este vehículo puedan guardar su preciado equipaje. A falta de uno, el GT cuenta con dos áreas de almacenamiento, una algo improvisada ubicada justo encima del motor donde escasamente cabe un bolsa de golf acostada; y otra bajo el capó delantero con una capacidad de 420 litros.

McLaren apuesta fuerte con el GT, alejándose del estereotipo del clásico grand tourer, en un segmento donde las marcas tradicionales llevan perfeccionando una fórmula conocida que ha funcionado por décadas. Guste o no el GT, hay que aplaudir a la firma inglesa por hacer las cosas a su manera con un resultado que robará miradas y que no dejará a nadie indiferente, sea por su diseño, su desempeño o simplemente por ser un McLaren.
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