[#MOTOwn] Royal Enfield Rumbler 350, o "La importancia de poder cambiar de opinión"

¿Quiere ir de paseo en una moto cómoda sin sacrificar un ojo de la cara y luciendo como todo un rebelde? Entonces la Rumbler es para usted. / Foto: Nicolás Peñuela (BMC).

Por: Nicolás Peñuela
En Twitter: @Filosorapist


"Rumble" de Link Wray:  

Empecemos por afirmar y aceptar con humildad, que todos tenemos preferencias en cuestión de estilos. De zapatos, de chaquetas, de personas, y de motocicletas. Aceptar esto nos lleva a entender que siempre tendremos un sesgo a la hora de opinar y/o tomar decisiones respecto a algo como la compra de un vehículo. Así mismo, expondremos siempre nuestro punto de vista frente a las elecciones de otros, creyendo que lo hacemos de forma objetiva. Nada de esto está mal, y tampoco está mal no darnos cuenta.

Listos para arrancar al Mods vs. Rockers. / Foto Royal Enfield Colombia.

Cuando hablamos con Cristina (de Royal Enfield) un jueves, imaginamos que todas las motos de prueba estarían comprometidas para el fin de semana, y no era para menos: el Encuentro Nacional de Motos Clásicas y Antiguas citaba el domingo a todos los entusiastas a una jornada de carreras, ruido y Rock'n Roll. Afortunadamente para nosotros, aún había un ejemplar para pruebas disponible: Royal Enfield Rumbler 350 cc. La habíamos visto antes (en los showroom de la ciudad, en el test ride inaugural de la tienda Campín -Carrera 30 #63-68- e incluso una que otra circulando tranquilamente por la ciudad) y sin embargo nuestra vista seguía cautivada por sus hermanas más populares: Continental GT y Classic. Aún así, de muy buena gana recibimos a la Rumbler, que esperaba pacientemente en el garaje a que respondiéramos a su reto "pruébame y cambia de parecer". Desde el principio, su porte es llamativo. Sin ser una moto monstruosa, es corpulenta y pone muy clara su presencia, gracias a las formas suaves y redondeadas de su tanque de 20 litros de capacidad, el cromo impecable en sitios clave y (por lo menos en esta) un azul profundo -llamado Marine- que trae elegancia sin quitar imponencia. Encendido eléctrico impecable para se motor que, a diferencia de las otras R-E, está pintado de negro, y un rugir bajo, la vibración prepara al cuerpo para el jalón de su motor carburado de 350 cc, "chiquito pero picoso", con 19.8 HP disponibles.

Si esta foto del autor fuese en blanco y negro, pensaríamos en los años 60 o algo así. / Foto: Nicolás Peñuela (BMC).

Nuestro Lorenzo Lamas interno se disponía, pues, a hacerse externo sobre los fierros de esta belleza indo-inglesa (esperamos que nuestra corrección política no falle). La primera impresión es la de una motocicleta rápida y ágil, a pesar de tener un peso considerable, no ocupa demasiado espacio (Nos encantaría probar una Indian, pero moriríamos de tristeza en un trancón bogotano). Es un poco difícil imaginarse al "charm" inglés en situación de rebeldía californiana, hasta que recordamos que la belleza de las bobber europeas radica en destapar a patadas -figurativamente- la rebeldía y el dedo medio muy finamente levantado desde uno de estos lindos motores verticales.

Ese portaplacas blanco desajusta toda la armonía visual. / Fotos: Nicolás Peñuela (BMC).

Ya en la onda de cambiar de opinión, a última hora el plan de Lobo Solitario fue ligeramente modificado para dar paso a, ¿por qué demonios no?, una rodada con la extensa caravana organizada por la marca. Los dueños y entusiastas de las Royal se reunían para azotar la Autopista Norte, protagonizar su propia película de pandilla motera y sacar del aburrimiento a la lenta romería de familias que en la mañana empiezan a entorpecer las salidas de la ciudad cada domingo. Velocidad, velocidad, velocidad. Vibración, saltos, baches y viento en la cara. Todo esto va pasando mientras la Rumbler tranquilamente es capaz de dar la sensación de seguridad que todos quieren en cualquier autopista a 110 Km/h. Los mandos bien ubicados, un asiento bastante cómodo y un timón más que maniobrable gritan "¡Crucerooo!". Incluso los espejos stock, que provocan arcadas a una pobre alma amante de lo mínimo (incluso del salario mínimo) como yo, complementaron -oh sorpresa- el combo de viaje en comodidad.

Motos con actitud en el trazado de Cajicá. / Foto: Ltrece Motoclassic.
Ya llegados al Autódromo XRP de Cajicá, el ambiente pintaba para un día muy entretenido, entre pilotos descansando del viaje, organizadores y marcas levantando expectativa con cada carpa. podría decirse incluso que ameritaba una banda sonora de épico suspenso. Así como llegamos los motores descubiertos, con mugre y cromo, fueron llegando las avispas acorazadas, las nietas italianas con la elegancia de una buena paliza desde las playas de Brighton. No me tomen a mal, somos gente de paz. Pero la atmósfera empieza a transformarse cuando se reúnen las chaquetas de cuero, cascos violentos y motores con apetito: el encuentro poco a poco empezaba a afianzar más su nombre extraoficial, Mods Vs. Rockers.

Queremos estos pines del Mods vs. Rockers... / Foto: Kustom Accesorios.
Una corta caminata bastaba para conocer (o reconocer) marcas locales que con esfuerzo aportan cada vez más al lifestyle pandillero de las clásicas. Si su intención es darle cariño a su pasión por las motocicletas agresivas pero con estilo, le puedo estar recomendando mucho rocknroll entre chamarras de Flitz, accesorios de MotoCustom, pomada clásica Sparrow (y sus increíbles accesorios hechos a mano), Los mejores pins y parches de Kustom que no pueden faltar en ninguna chaqueta, todo esto sin dejar atrás las infaltables y verdaderamente legendarias Doc Martens. Y aunque a simple vista no parece, los constructores también tienen gran influencia (y ejercen también la suya) alrededor del rocknroll: Basta con ver el trabajo de AS Kustom, Ace Custom Shop, Rockers Garage, Ltrece Motoclassic e incluso Martinica Motos.

Ace Custom Shop exhibió esta maravilla que nos hizo babear. / Foto: Ace Custom Shop.
Desde temprano vimos como las scooter hacían lo suyo: Exhibiciones de destreza y carreras, zumbidos de 150 cc y caídas varias. Paso a las Cub: pequeños bólidos retro dándolo todo en la pista. No parecía posible, pero el público vitoreaba igual a pequeñas y grandes máquinas. Intercambiaban el escenario con las motos rockers... Japonesas, europeas, clásicas, clásicas modernas, todas comandadas por pilotos expertos, no tan expertos y principiantes, pero con la misma hambre de gloria. Después de todo, el trofeo (diseñado por Monster Corner) de diablo inspira el desenfreno y la velocidad de antaño, llena de esfuerzo y caucho quemado. El 1/8 de milla destinado para los piques, fue breve pero sustancioso. Fue en éste que experimentamos en realidad el enfrentamiento, con varias sorpresas, caídas y por supuesto, las bellas Cherry Pin Ups agitando las banderas a cuadros. Literalmente, la cereza del pastel.

Los Tucos, cuyo transporte oficial fue la R-E Rambler 350 objeto de este test ride. / Foto: MatchCut.
Y como es usual en este tipo de eventos, una gran banda sonora es indispensable. Desde la impecable selección del experimentado DJ Sergio Iglesias, hasta las dos bandas que cerraron con más ruido del bueno, la jornada de fierros y gasolina. The Cowboys From Hell dió el primer golpe, un estruendo de buen psychobilly que puso al público a moverse al ritmo de su diabólico ensamble, seguidos por Los Tucos, una propuesta bogotana que le apuesta también al rocknroll puro y duro, lleno del sabor a whisky y pólvora que sólo trae el Viejo Oeste, como un potente homenaje a Clint Eastwood y a los "spaghetti westerns".

Lo rico que hubiese sido devolverse a casa sobre la Royal Enfield con un trofeo así. / Foto: Álex Rojas - Monster Corner.

Estamos seguros que a nuestro editor le va a atacar un infarto al ver la longitud del artículo, pero bueno. Es una ocasión especial. Sólo una vez al año podemos colmar nuestros oídos, ojos y corazón de esto: tanques llenos de gasolina, cromo, ruedas calientes y el constante trueno de cada motor, pequeño o grande que viene a competir y que sale, con el rostro mugroso pero satisfecho, de un pequeño paréntesis en la modernidad para sentirse como Marlon Brando, Dennis Hopper, o Jack Nicholson entre bandidos. Grandes bandidos con chamarras asesinas, o grandes bandidos con parkas gigantes, elija usted su lado.

Classic Desert Storm, el sueño de nuestro director. / Foto: Royal Enfield (Facebook) - Jahn Arias.
¿Y la Rumbler? Una motocicleta al mejor estilo custom, para esos a los que soñaban con una Yamaha Virago, pero más asequible, mejor presentada y con todo el carisma. Sus 28 Newton metro de torque llegaban a volquetadas, asombroso para ser monocilíndrico. Nos quedamos pensando que la versión de 500 cc con inyección electrónica debía sentirse más "relajada" y potente. Ambas versiones utilizan doble bujía para asegurar una mejor combustión de la mezcla.

La carretera es el elemento natural de esta moto. / Foto: Nicolás Peñuela (BMC).
Cuenta con un cuadro de instrumentos muy completo, aunque no tan fáciles de leer. El faro frontal con tecnología de proyector, ofrece una iluminación mucho más competente, que debería ser de serie en todas las motos de la marca. Nuestra única queja sigue siendo la misma, la llanta delantera de 90/90-19, 52P y la trasera de 120/80-18, 62P, se sienten algo angostas para maniobrar con más confianza esta mole de 192 kilos, aunque el frenado, cortesía de los enormes discos de 240 (atrás) y 280 mm (adelante), es impecable. Ah, y ese portaplaca frontal, que en India es necesario, aquí pueden quitarlo, porque se ve muy feo.

La -cómoda- cabalgadura del Spaghetti Rock N'Roll. / Foto: Nicolás Peñuela (BMC).
La comodidad es superior, cosa que apreciamos de esta cruiser, ya que la última vez que probamos una R-E, nuestros traseros se quejaron por la calidad del paseo. Eso sí, desearíamos ruedas con más "sustancia". Efectivamente nos hizo cambiar de opinión. Nos encantaría volver a darle temblor a los caminos con ella, y con las R-E que nos faltan por probar.
Share on Google Plus

About Sebastián Peñuela

    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario