[El Copiloto] Oportunidades Perdidas


Con ustedes, el tan cacareado Citroën C3 WRC para 2017 con el irlandés Kris Meeke al volante. / Foto: Auto Express.







Xsara WRC, cabalgado por la leyenda viva: Sébastien Loeb.








Por: Gustavo Hernández
En Twitter: @gusgushernandez


El pasado 20 de septiembre, Citroën reveló las primeras imágenes del C3 WRC Concept, el cual no es más que una versión estilizada del bólido que veremos el próximo año defendiendo los colores de la firma francesa en el WRC. No la tendrán fácil: Volkswagen lleva 4 años dominando a su acomodo, Hyundai sigue evolucionando y promete ser competitivo, Ford no ofrece apoyo oficial pero cuenta con una buena máquina y un equipo pequeño pero dedicado como lo es el M-Sport, y finalmente Toyota regresa con un cheque en blanco y bajo la supervisión de Tommi Mäkinen esperan revivir las épocas de gloria de principios de los noventa.

Sin embargo, si hay alguien que sepa hacer un carro de rally exitoso, ese es Citroën. Y es que sus tres últimos autos han ganado campeonatos con un dominio sorprendente: el Xsara WRC (3 campeonatos de constructores y 3 de pilotos), el C4 WRC (3 de constructores y 4 de pilotos) y el DS3 WRC (2 de pilotos y 2 de constructores). Nada más que 17 títulos mundiales de rally en los últimos 13 años (8 coronas de fabricante y 9 de pilotos) hacen del palmarés de Citroën la envidia de cualquiera. Y si recientemente la cosecha no ha sido más grande en el mundial de rally, ha sido porque los galos se concentraron en el WTCC, en el cual debutaron en 2014 con un C-Elysée especialmente preparado y con el cual llevan ya 6 coronas mundiales (3 de pilotos y 3 de constructores) de 6 posibles. Dominio absoluto.



DS3 WRC, hasta 2013, el rey induscutible de los rallies y ahora, del Rallycross.
Y si a eso le sumamos los dos títulos mundiales de pilotos que el noruego Peter Solberg logró a bordo de su Citroën DS3 en el recientemente creado mundial de Rallycross, los franceses suman en los últimos 13 años, la nada despreciable cifra de 25 títulos en campeonatos mundiales FIA (F1, WRC, WEC, WTCC, World RX). Ni siquiera Ferrari, Porsche, Audi y Mercedes-Benz juntos pueden sumar tantos títulos en ese mismo periodo de tiempo (23). Desde 2003, Citroën solo se ha ido en blanco en 2013 en cuanto a coronas en cualquier categoría.


Saxo VTS, el Citroën de calle con pretensiones y desempeño deportivo, todavía venerado en Colombia.






Hay marcas que no se cansasn de exprimir su legado deportivo






No obstante, lo preocupante de Citroën es que su palmarés no concuerda con su portafolio actual de vehículos. No existe un mínimo ápice de deportividad en toda la línea. Las versiones VTS y VTR que alguna vez acompañaron a los Saxo, Xsara y a la primera generación del C4, se han ido. Las únicas siglas que quedan en la línea Citroën son meras referencias a la frugalidad sus motores.

Hay muchos trofeos en los escaparates de la marca francesa, pero muy pocos entusiastas del automóvil considerarían seriamente comprar un Citroën. Es más, muy pocos consideran la marca gala en el mismo nivel de otras firmas con menores triunfos en las pistas. Y mientras sus competidores directos capitalizan la inversión en el circuito con versiones «racing» para calle derivados de sus modelos más populares (Ford ya vende versiones ST y RS de sus Fiesta y Focus, Hyundai lanzará en breve su división deportiva N, Opel/Vauxhall tiene su línea VXR, Renault tiene a R.S. o RenaultSport, e incluso VW tiene una versión GTI de su Polo), Citroën parece dormir plácidamente en sus laureles. 











Y es que marcas tan emblemáticas y poderosas como Toyota han gastado (¿o malgastado?) millones de euros, yenes y dólares en poder raspar algunas migajas del olimpo del automovilismo con más bien poco éxito en las últimas 2 décadas. O qué decir de Subaru y Mitsubishi, quienes después de lustros de su apogeo en los rallies, aún siguen vendiendo modelos inspirados en el pedigrí de la competición, aún cuando, hasta hace poco, la marca de los 3 diamantes "mató" al Lancer Evolution.

El actual es un mercado de rendimiento aspiracional, lleno de siglas y letras (VXR, RS, AMG, M, N, TRD, QV, STi, GTI) validadas por una sobrepoblación de stickers, emblemas, bordados, spoilers y alerones con tan solo una pequeña fracción de la gloria que Citroën ha logrado ganar en las pistas.

Ya queda solo la nostalgia de los VTS y VTR que acompañaban a los dos chevrones en la década de los noventas, o incluso el mismísimo y ligeramente descafeinado DS3 Racing que nunca se inspiró en el bólido que llevó a Loeb a dos campeonatos mundiales. Pero es esa nostalgia la que alimenta una lejana esperanza al ver el concept car con el que la firma de Saint-Ouen anuncia su regreso (ojalá triunfal) al segundo campeonato más importante del automovilismo.

Quisiera que Citroën escuchara la súplica de muchos aficionados, no solo de la marca, sino del automóvil en sí, para ver un C3 VTS calcado del concept presentado. Un C3 atractivo, con un esquema de color atrevido, con aditamentos estéticos, con ruedas más grandes y spoilers menos sutiles, pero sobretodo con más bríos y caballos bajo el capó, que recuerden al conductor que Citroën no es solo una marca de autos asequibles, extraños, ciertamente vanguardistas, diferentes, radicales o polarizantes, sino máquinas diseñadas para devorar circuitos, ganar trofeos, perseguir banderas ajedrezadas y pulverizar cronómetros como ninguna otra marca (ni siquiera las más encopetadas) lo ha logrado en las últimas décadas. Quisiera que este nuevo Citroën C3 no sea otra oportunidad perdida.
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