[El Copiloto] Yo fui al Gran Premio más largo de la historia

El eterno saludo a una de las leyendas más queridas del automovilismo. / Fotos: Gustavo Hernández.

Por: Gustavo Hernández
En Twitter: @gusgushernandez

Dicen que la primera vez suele ser una experiencia corta, algo fugaz, poco memorable más allá de ser la primera vez. En mi caso no fue así, fue sorpresivamente lo opuesto. Hace 5 años asistí a mi primer Gran Premio de Fórmula Uno en el Circuito Gilles Villeneuve de Montreal. Inocente como todo buen primerizo, nunca siquiera pasó por mi mente que mi primera carrera quedaría inmortalizada en la historia del automovilismo.

Fotos: Gustavo Hernández.

Viernes 10 de Junio de 2011. Montreal, Quebec, Canadá.

Si uno es tan ingenuo de querer conocer Montreal y asistir al Gran Premio de Canadá en un mismo fin de semana, tiene que hacerse de una vez la idea que eso nunca será posible. Montreal es una ciudad gigante y la carrera es absorbente y adictiva.

Después de 8 horas hacinado en un bus, salí directamente del terminal de buses de Montreal hacia el metro para ir a la estación Jean Drapeau, donde se desembarca para cruzar el Pont du Cosmos que conecta la isla St. Helen con la de Nôtre Dame. Los ríos de gente en el metro me recordaron -solo por un momento- los de Transmilenio.

Todo es muy canadiense por allá: caos mitigado y perfectamente señalizado y ordenado. Al entrar al circuito (que en realidad siempre ha sido un parque dentro de una isla), me recibieron en el fondo los rugidos de los Ferrari F430 y 450 Italia del Ferrari Challenge. Al llegar a la tribuna 21 y sentarme, simplemente alcancé a ver un último par de autos girando en las prácticas libres. Oficialmente ya estaba en un Grand Prix.

Fotos: Gustavo Hernández.

Minutos más tarde, mis oídos perdieron su virginidad de F1 con un Lotus. Team Lotus, para ser más exactos. Estuve en el Red Bull Circuito Bogotá en 2010 y tuve el monoplaza austriaco incluso más cerca, pero la experiencia no es la misma. No recuerdo qué Lotus abrió pista, si fue Heikki Kovalainen o Jarno Trulli, la verdad estaba tan emocionado que ni cuenta me di. Estaba extasiado por el sonido de los antiguos V8 de 2.4 litros, que desde la recta anterior a la horquilla venía taladrándome los oídos. El ruido es indescriptible, es toda una melodía. Sin miedo a equivocarme, ese ha sido el sonido más hermoso y placentero que he escuchado en toda mi vida. A la salida de la horquilla, el ruido era aún más ensordecedor; los monoplazas hacían vibrar las tribunas y el mismo suelo. Es una experiencia única. Los más ortodoxos compraban tapones de oídos. Yo por mi lado, no me iba a privar de ese delicioso y nocivo placer.

Intenté tomar fotos pero francamente es una tarea inútil. Mientras uno obtura, los carros ya van en el muro de los campeones. Así que me di a la tarea de disfrutar la experiencia. A disfrutar ese sonido gutural de los escapes mientras los carros desaceleran, pasando de ir como flechas a casi detenerse por completo. Es increíble presenciar el poder de frenado de un F1 en toda su magnitud. Era tal el espectáculo que a uno dejaba de importarle quién iba de primero en los tiempos. En parte ayudado a que las pantallas gigantes en realidad no eran ni muy gigantes ni de buena resolución ni muy cercanas a las tribunas. Era un karma distinguir los mismos diminutos números al lado izquierdo que vemos en los televisores en Fox Sports.

Toda la tarde se evaporó ahí. Se me olvidó almorzar, olvidé tomar algo para mitigar el sol, se me olvidó que ya no tenía batería en el celular y que no tenía fuerzas para recorrer media ciudad y hacer el check-in en el "hotel" de las residencias de la U. de Montreal.

Sábado 11 de Junio de 2011

Fotos: Gustavo Hernández.

El nublado sábado fue la misma rutina, llegué un poco más temprano, con la maleta llena de "recato" y un buen six-pack. Para la tercera sesión de prácticas, las tribunas estaban más llenas que las que uno ve en las carreras de China, Turquía o Bahréin. Para la "qualy" estaban al 80%. Muy pocos celebramos la pole de Sebastian Vettel. Los tifosi y los seguidores de Hamilton eran mayoría. Mexicanos por doquier, en plan familiar (grave error) se quedaron aburridos al ver que de la Rosa se quedaba con el asiento de Perez.

Domingo 12 de Junio de 2011

Fotos: Gustavo Hernández.

Gente por doquier, tribunas a tope. Había llovido antes sobre la pista, pero con levedad. Todos abucheamos al unísono cuando el narrador francófono anunció que la carrera partiría detrás del Safety Car. La lluvia iba y regresaba, los paraguas se abrían y se cerraban. La lluvia volvió pero esta vez no se quiso ir. Mi sombrilla no aguantaba el ritmo. La carrera fue detenida mientras el público esperaba que la lluvia cesara. Qué ilusos fuimos. Huí de las tribunas a refugiarme junto a otros aficionados debajo de ellas, aunque por razones de seguridad (Canadian style) nos sacaron de allí. Ahora podríamos escoger libremente dónde mojarnos. Los rumores de la cancelación de la carrera iban y venían por Twitter y entre los mismos aficionados. No sé la verdad cuánto tiempo estuve mojándome y tiritando debajo de un árbol con mi morral con mi MacBook, "mecato" y la ropa de 3 días sobre mis hombros.

Al sentir cómo cesaba la lluvia, subí de nuevo a la tribuna. No sé cuánto esperé allí, tenía mojado hasta el cerebro. Sin embargo, las tribunas se llenaron de nuevo cuando se anunció el reinicio. Calculo en un 30% los evadidos a causa de la lluvia. Es probable que lo que pasó en la carrera lo sepan mejor ustedes que yo: victoria en la última vuelta de Jenson Button al aprovechar un descuido de Vettel en una pista resbalosa y traicionera. Lo único que puedo decir es que "tifosi" y leales de Woking celebraron como enajenados el despiste de Vettel y la victoria del inglés. No tuve más remedio que levantarme y aplaudir al campeón de 2009, que dio una soberana lección de conducción después de ir último. Acepté la derrota del joven maravilla, eso sí, dándole un merecido aplauso que se perdió entre los abucheos de la mayoría. Sin siquiera saberlo, habían pasado 4 horas, 4 minutos, 39 segundos y 537 milésimas desde aquella bandera verde descafeinada detrás del Safety Car. Era sin dudas la carrera más larga de la historia de la Fórmula 1 con 6 apariciones del auto de seguridad, dos récords que probablemente duren décadas intactos.

Fotos: Gustavo Hernández.

Una vez concluida la carrera, un grupo de masoquistas nos escabullimos a la pista. Caminaba pisando la pista que campeones como Hamilton, Vettel, Button, Alonso y Schumacher acababan de vapulear con los neumáticos de sus autos. Mientras recorría cada rincón del pavimento canadiense, pude ver en las pantallas la cara de desconsuelo de Vettel. Caminé pacientemente la "droit du casino" de principio a fin para rendirle culto a una de mis zonas favoritas de todo el automovilismo: la chicana y el Muro de los Campeones. Inspeccioné detalladamente los bordillos y me estrellé ridículamente en la barrera de llantas en un blasfemo intento de remedar a algunas de las grandes glorias de este deporte. Me dirigí a la entrada de boxes a tomar fotos de los monoplazas en parque cerrado y caminé hacia la recta principal, donde el atractivo popular era el "Salut Gilles" pintado justo delante de la línea de meta. Y fue a pocos metros de allí donde la lluvia cayó de nuevo, más agresivamente que antes. Sin donde refugiarme, abrí mi sombrilla y di marcha atrás.

Dejé la pista buscando el anunciado ambiente festivo post-carrera que lamentablemente la lluvia se había encargado de arruinar. Con los puestos de comidas, cerveza y souvenirs cerrados, me vi obligado a dejar el circuito, que, para ser el resto del año un parque público, está impresionantemente adecuado con una logística supremamente compleja. No es perfecto, pero es lo más perfecto que se puede lograr en un espacio que no fue diseñado para servir como autódromo.

El infame "Muro de los Campeones". / Fotos: Gustavo Hernández.

Poco menos de 12 horas después estaba en Toronto, igual de mojado y con la misma ropa que tenía cuando dejé la Isla de Nôtre Dame; completamente abrumado, sin poder digerir una sobredosis de experiencias que nunca olvidaré.

Un Gran Premio de Fórmula 1 no es para todos. Si ustedes quieren ver la F1, no hay nada mejor que verla en la comodidad de sus hogares, en HD, con comentarios de expertos y con el portátil al lado revisando los tiempos de la página web de F1. Pero si quieren realmente experimentar la Fórmula 1, escucharla, olerla, sentirla, saborearla; vale la pena totalmente pagar la entrada para ir a una carrera de la máxima categoría del automovilismo mundial. Por esas cosas del destino, la vida me regaló una suerte de ñapa: ser testigo de primera mano de un pequeño párrafo de la historia del deporte motor.
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