[El Copiloto] Apología al -casi extinto- cupé

Injustamente olvidado, el Peugeot 406 Coupé, diseñado por Pininfarina, es uno de los más bellos de su género.
Por: Gustavo Hernández
En Twitter: @gusgushernandez

N.del D.: Con esta disertación acerca de los cupés, le damos la bienvenida a Gustavo, columnista quincenal en BMC y apasionado por los carros, quien ahora es un ciudadano más de esta ciudad a motor, y como tal, sus opiniones serán totalmente respaldadas por la dirección de esta web. Pueden consultar su biografía aquí.

Los gringos lo pronuncian kúp. Los británicos kupé, mucho más cercano a su origen francés, que en simplificado castellano vendría traduciendo «cortado», y los hispanoparlantes le decimos cupé, referido directamente a las épocas de los coches halados por caballos: una carrocería cupé era aquella que precisamente había sido cortada para dejar espacio a dos pasajeros solamente.

Más esbelto que este clásico Lancia Fulvia Coupé 1.6 HF Lusso, no se puede. Gran mérito para un campeón de rallies.
Y es que hay miles de definiciones del término, automovilísticamente hablando. Recuerdo en mi infancia uno de mis primeros contactos con el mundo motor, el álbum Panini Mobil de Automóviles y Motocicletas, que en un escueto párrafo decía:

Con el término coupé se define el carro cuya cabina se reduce al mínimo en favor de la línea particularmente esbelta.

Una definición bastante abierta y subjetiva de Kristóf Karlovitz y Zoltán Kemény, periodistas de la revista húngara Auto, y autores de la versión original del álbum que en Europa recibió tantos nombres como países donde se vendió.

La era del turbo nació con modelos como este cupé Saab 99 Turbo: La promesa de desempeño en un paquete elegante.
Google, por su lado, trata de ser más específico e histórico con su definición:

Elisión del francés (carrosse) coupé ‘(carruaje) de dos plazas’, donde coupé es el participio pasado del verbo couper ‘cortar’ por comparación con los carruajes más amplios. De ahí pasa a designar por analogía un coche deportivo de dos plazas.

Sin embargo los chicos de Silicon Valley pecan por inexactitud, al definir el número de plazas y no el de puertas. Así por lo tanto, técnicamente un 2+2 no sería considerado un coupé.

Finalmente, y después de muchos ires y venires, me decanté por la definición el diccionario Longman, dando en el clavo a la percepción que siempre he tenido del término: «a car with two doors and a sloping back», o que en comprensible castellano sería «un automóvil con dos puertas y un trasero inclinado». Simple, sencillo y justo.

Parece que los de diseñadores de Toyota estaban leyendo el diccionario Longman...
Sin embargo los chicos de Top Gear, en su última New Car Buyers Guide, con algo de sarcasmo pero mucho de verdad, lanzan una afilada y precisa definición que tiende a ser definitivamente mi favorita:

“A car with three doors of any sporting tint. Showily impractical, pretty”
-
«Un carro con tres puertas de algún tinte deportivo. Vistosamente impráctico. Bonito»


Todavía codiciadas son las versiones cupé del Honda Civic, más elegantes y bonitas que los hatchback.
La cuestión con los cupés hoy en día es la ironía de su presente. Mientras el término se ha convertido en un gancho publicitario para vender lo que caiga (SUVs y sedanes, principalmente), los verdaderos cupés, asequibles y amigables parecen estar en vía de extinción.

Su usted tiene un bien proporcionado Mazda 626 GLX cupé, cuídelo y ámelo mucho, que es escaso en el mundo.
Con el boom de los hot hatches en los 80s y 90s, los cupés ganaron resonancia y se convirtieron en objeto de deseo entre los jóvenes que querían un auto con prestaciones superlativas, pero práctico, compacto, divertido y sobretodo asequible. Volkswagen, Renault, Peugeot, Citroën, Seat, Opel, Honda, Mitsubishi, Suzuki, Nissan, Toyota, Mazda, Ford, Saab, Rover, Fiat, Alfa Romeo; cada fabricante generalista tenía una versión cupé, frecuentemente aderezada con algunos caballos de más y uno que otro detalle en la carrocería para hacerlo ver más deportivo y juvenil que sus hermanos de 4 y 5 puertas. El cupé ponía la cara bonita para que las versiones más sensatas y familiares fueran las que movieran la registradora. La moda incluso llegó hasta los segmentos premium alemanes con los compactos de BMW y el A3 de Audi.

Si tan solo el mercado amara (y exigiese) más cupés como el ultraavanzado Subaru SVX...
Y es que el cupé tiene su algo especial. Lo juvenil no se lo gana por lo austero de prescindir de dos puertas, sino es una cuestión de fondo, de actitud. Es esa rebeldía contra la completa practicidad que ofrecen las versiones más familiares, porque el dueño del cupé no piensa en la familia sino en sí mismo, en su comodidad y su estilo, y tal vez en las de su pasajero. Un cupé no requiere un maletero gigante; con que haya espacio para el equipaje del conductor y su acompañante es más que suficiente. Hay un delicioso sabor a egoísmo, a vanidad, a inmadurez. Pero a esa inmadurez que muchos extrañamos, esa mezcla de irresponsabilidad y libertad.

Aunque no un cupé stricto sensu, el Chevy Astra 3 puertas fue lo último decente que la marca ofreció a ese segmento en Colombia.
Si alguien más allá del conductor o el copiloto desea ser pasajero en un cupé, debe pasar por una suerte de rito algo humillante y ligeramente deshonroso para poder entrar a las plazas traseras. Incluso el mismo copiloto debe salir y mover su silla para permitir que alguien quiera habitar el espacio de atrás de un cupé. Es una clase de sumisión hacia el conductor, es un acto que le confiere cierta clase de privilegio al pasajero, que se debe ganar el derecho a subir: en un coupé no te subes, primero tienes que pedir permiso para subir. En definitiva, el poder del conductor de un coupé va mucho más allá del pedal del acelerador.

A este adefesio de Stuttgart, falso profeta, le debemos el advenimiento de los fraudes de márketing llamados cupés-de-4-puertas.
Ese delicioso halo de deportividad y libertad asociado a la palabra coupé trascendió en el tiempo y logró llegar nuevo milenio. Y precisamente 3 años después del comienzo de siglo, Mercedes tuvo la buena idea de lanzar un concept cuasi-listo para producción, y medir el aceite y las opiniones del mercado. El Vision CLS Coupe Concept era un gigantesco automóvil de dimensiones superiores a las del E-Klass, con cuatro puertas y un look bastante deportivo enmarcado especialmente por lo que el diccionario Longman decía unos cuantos párrafos arriba: un sloping back. Y es allí donde precisamente estaba el anzuelo, el CLS era un coupé, pero de cuatro puertas, y Mercedes lo admitía con descaro en su comunicado oficial:

El objetivo de los diseñadores en desarrollo el concepto Vision CLS fue despertar el entusiasmo a primera vista y hacer un uso completo del alcance proporcionado por las líneas de un coupé con el fin de prestar un énfasis muy emotivo al lenguaje formal.



Nadie podría salir a decir sin asomo de rubor, que el Porsche Panamera es bonito. No es sino una aberración.
El mercado enloqueció, la prensa lo alabó y Mercedes no tuvo otra alternativa que llevarlo a las vitrinas y llenarse los bolsillos con dinero. Y fue ahí que los de Stuttgart se inventaron el fenómeno del cupé-cuatro-puertas, un oximorón tan deliciosamente lucrativo que ninguna marca pudo escapar a él, ni siquiera la mismísima Porsche que lanzó el Panamera cobijado bajo el mismo precepto. Lo demás es historia: Aston Martin Rapide, Volkswagen Passat CC, Audi A7, son tan solo algunos representantes del boom del cupé-cuatro-puertas, por no decirles sedanes con cola caída, que es lo que realmente son. Mercedes repitió la fórmula, ahora en talla S con el CLA, que en realidad es el hatchback A-Klasse de tracción delantera, pero con una cola estirada para reminicer a su hermano mayo. Doble sacrilegio.

Consagrado por Top Gear como el SUV más inútil del mundo, el BMW X6 es un juguete snob y feo, no un cupé.
Y si Mercedes se inventó el cuento del cupé-cuatro-puertas, sus archienemigos de BMW se inventaron el SUV-coupé-cuatro-puertas. El primer golpe lo dio la X6, una bonita SUV con techo caído que causó sensación. Los de márketing de BMW vendieron el concepto de Sports Activity Vehicle, un reforzado eufemismo para vender un sanchocho de mil ingredientes que finalmente no sabían a nada. Sin embargo el excesivo peso y altura afectaban seriamente la dinámica de la X6, que tampoco es que se comportara adecuadamente en modo off road. Y de habitabilidad y visibilidad ni hablemos. El famoso Jeremy Clarkson tuvo un capítulo entero del ya antiguo Top Gear para despacharse contra la infame X6. Y muy a pesar de todo, la X6 es un éxito en ventas que convenció a BMW a hacer una versión más pequeña (la X4) y a sus vecinos de Stuttgart en lanzar cuanta versión pudieron de su portafolio de SUVs, llamándoles sin ninguna clase de agüero «cupés».

Coherencia nivel: cupé-de-4-puertas de un cupé de verdad a su vez derivado de un sedán. Duh, BMW.
No obstante, la cúspide del abuso del cupé-cuatro-puertas llegó de manos de BMW. Luego de reajustar sus denominaciones (series de número par equivalentes a coupés deportivos, series de número impar equivalentes a sedanes), los de Munich lanzaron la versión «coupé» de su aclamado sedán serie 3, con el meloso nombre de serie 3 Gran Turismo. Al poco tiempo, y de forma inverosímil, lanzaron la versión cuatro-puertas de su aclamado coupé serie 4, que básicamente es un serie 3 de 3 puertas. El adefesio se llamó serie 4 Gran Coupé, prácticamente idéntico al 3 Gran Turismo. Y al igual que en todos los neonatos de este boom, su habitabilidad interior era notoriamente peor que la del sedán en la que estaba basado, pero con un precio superior. La ecuación de pagar más por menos no parece tener mucho sentido en el papel, pero en la práctica es una solución increíblemente rentable.

¿Que pasó Renault? Antes eras chévere, ahora el Twingo tiene 5 puertas ¿con manijas ocultas para engañarnos?
Y es irónicamente en esta sobrepoblación de coupés de mentiritas, que los verdaderos coupés corren más riesgo de extinción. Renault, otrora rey de los hot hatches con los coupé Clio y Mégane, ha dejado claro que las nuevas generaciones de estos modelos (incluyendo las Sport y Cup) sólo vendrán en 5 puertas. Y de paso, la tercera reencarnación del Twingo viene, sorpresivamente, en versión exclusiva de 5 puertas. Su vecino francés, Peugeot, también se ha unido a la causa de erradicar los coupés. ¿Recuerdan los exquisitos 306 XSi y GTi6? Pues el actual sucesor, el poco agraciado 308 no tiene opción de carrocería de 3 puertas. Y siendo sinceros no me extrañaría que el actual 208 sea la última de las carrocerías compactas del león en tener la opción de las 3 puertas. Y qué decir de su hermano Citroën, para quien el C3 y C4 contemporáneos se ofrecen exclusivamente en carrocerías de 5 puertas. Atrás quedaron las épocas de los bonitos Saxo y Xsara VTS o el radical pero hermoso cupé C4 I, salido del lápiz del talentoso italiano Donato Coco.

Afortunadamente el renacimiento de Peugeot incluye el 208 cupé-hatchback. ¿Qué esperan para comprarlo?
Aunque Ford mantiene aún su Fiesta 3 puertas, el Focus (otrora victorioso estandarte del rally) sólo se ofrece en versión 5 puertas, algo muy similar a Opel/Vauxhall que aún persiste con las 3 puertas en el Corsa, a diferencia del Astra. Y sospecho que los actuales Fiesta, Corsa e Ibiza serán los últimos que veremos en carrocería cupé.

¿Qué tan diíicil era ofrecer carrocerías cupé y sedán también, Audi?
Y en el mundo premium la cosa no es diferente. Aún se puede encontrar un Audi A3 3-puertas, pero si uno quiere la versión más radical, la RS3, se debe conformar con encontrarla en la versión 5-puertas conocida como sportback, que en realidad parece más una break con enanismo que un hatchback puro y duro. Mercedes ni siquiera se preocupó por hacer una versión 3 puertas de su Clase A, se fue directo a donde están las ventas con su Clase CLA y el humo creado a partir de los cupés-de-cuatro-puertas.

MINI, sacar una versión 5 puertas es simplemente suicidarte. Mejor ponerle un escudo de BMW a todo y ya.
Pero finalmente la estocada al 3 puertas de espíritu irresponsable y divertido, tal cual lo conocemos, llegó desde el Reino Unido. El Mini 5-door es el último clavo en el ataúd del concepto del Mini original, después de los monstruosos Mini Coutryman y Paceman. Mientras los puristas se encuentran indignados, los esnobistas alistan sus billeteras para comprar otro Mini "cool", que ya no lo es tanto porque cada vez se parece más a los genéricos de los cuales se desea diferenciar, y menos al concepto revolucionario de un auto económico para movilizar a la Gran Bretaña.

Otro falso cupé-hatchback: el Sonic, cortesía de Chevrolet. Porque es más barato ocultar las manijas traseras que hacer un cupé de verdad...
Lo realmente irónico es que con la agonía del coupé 3 puertas es cuando los diseñadores se han enfocado aún más en querer engañarnos mimetizando las manijas de las puertas traseras de los 5-puertas para hacernos creer que en realidad se trata de un coupé: Seat León, Alfa Romeo Giulietta, Renault Clio y Twingo, DS4, Chevrolet Sonic e incluso su brutalmente desproporcionado hermano Spark.

Tantos falsos cupés, y tantas ganas nuestras de poseer un Volvo P1800 cupé diseñado por Pietro Frua para conducir solos por ahí.
Y aunque hay escasos esfuerzos de revivir el cupé auténtico, las ventas no están a favor de la nostalgia. En las vías del futuro escasean los cupés económicos frugales y asequibles, y pululan los gigantescos cupés de mentiras, moles de acero con más puertas que comportamiento dinámico y con carrocerías cada vez más lejos del pavimento y de los corazones de los entusiastas de verdad.
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