Ayrton Senna: recordando a la leyenda

Ayrton Senna, una vida llena de pasión por las carreras / sennafiles.com
Concebí un héroe viendo fotografías, videos y leyendo muchas historias que sobre él se han escrito –yo estaba muy pequeño para entender la clase de piloto que era– y hoy decenas de esas imágenes llegan a mi mente. Veo a un hombre sentado en su auto con los ojos cerrados y las manos juntas, orando. Inmediatamente veo a un piloto, algo soberbio, que se baja del auto molesto luego de haber chocado cuando tenía la victoria en el bolsillo, fue en Mónaco 1988. ¿El protagonista? Ayrton Senna.


Por: Enrique Mathieu
En Twitter: @enriquemth

En estos 21 años la Fórmula 1 ha cambiado mucho. Demasiado. Hoy todo es diferente: los pilotos, los circuitos, los autos, el reglamento. Lo único que permanece intacto es el recuerdo de Ayrton… y la sensación que desde ese 1 de mayo de 1994 ya nada fue igual. La máxima categoría sigue su camino, pero con Senna se fue una parte de su esencia. Sigo viendo fotos y recordando…  

En 1984 debutó en F1 con el modesto Toleman. ¿Quién no recuerda ese Gran Premio de Mónaco? Bajo una lluvia intensa apareció un Ayrton Senna brillante, que se hizo más grande vuelta a vuelta. En una época donde McLaren dominaba, Alain Prost lideraba la carrera, tras él, un rapidísimo jovencito brasileño se le acercaba sin el más mínimo asomo de respeto. La carrera fue detenida en la vuelta 31 por razones de seguridad, Senna finalizó segundo y tal vez con un giro y medio más habría pasado a Prost.  


Seguramente ese día comenzó su épica rivalidad y el francés conoció al mayor contrincante que tuvo en su carrera. Pero como la vida no deja de ser irónica, después de tantos roces, maniobras al límite y fuertes declaraciones fuera de la pista, uno de los últimos mensajes de Senna durante el GP de Imola donde perdió la vida fue para Prost: "Haces falta en la pista". Y así como en un jardín donde los senderos se unen, un conmovido Alain Prost acompañó a Ayrton en su último recorrido.


En un mundo de egos enormes como lo es el del automovilismo, Ayrton resaltaba por su espiritualidad –tenía una creencia muy profunda en Dios– algo que para él era normal, pero para la Fórmula 1 donde los pilotos conforman una élite de hombres casi intocables, Senna era un tipo raro. 

Tras coronarse campeón del mundo por primera vez en 1988 en una conversación con algunos amigos, Ayrton les contó que le estaba dando gracias a Dios por la victoria mientras transitaba las últimas vueltas de ese Gran Premio y lo vio... "Es imposible de describir. Yo hablaba con Dios y Él apareció. Simplemente se mostró delante de mí. Fue una explosión de sentimientos. Aquellos segundos consagraban una vida entera de trabajo, deseos, sueños y victoria", fue algo de lo que mencionó ese día.


¿Era Ayrton Senna entonces un hombre que no tenía miedo de morir? El 'Mágico' comentó alguna vez en una entrevista: "En mi profesión hay que saber asumir riesgos e intentar paliar con arrojo las deficiencias del auto. Todos debemos morir, tarde o temprano. El asunto es cuándo y cómo". Vienen a mi mente las imágenes de la primera vuelta de Senna con el McLaren en Donington Park en el 93, su victoria en Interlagos en 1991, su primer triunfo en Estoril en 1985 y las definiciones de título con Prost en Suzuka.
Muchos dicen que la F1 ya no es lo mismo sin Senna / f1fanatic.co.uk
Otras escenas vienen a mi... lo veo frenar bruscamente y bajarse rápidamente de su auto en medio de la pista para salir corriendo a auxiliar a su colega Erick Comas accidentado con el Ligier durante una sesión de prácticas en Spa Francorchamps en 1992. Tampoco me olvido de su rostro consternado al conocerse la muerte de Roland Ratzenberger durante la clasificación de ese fatídico Gran Premio de San Marino de 1994.

Como todo piloto de carreras de esa época, muchas veces respondió preguntas sobre la muerte. Los pilotos se juegan la vida en cada curva, siempre está ahí como una posibilidad, pero jamás imaginamos que Senna fuera a dejarnos aquel 1 de mayo. La Fórmula 1 tiene un antes y un después...ese punto intermedio quedó en la curva Tamburello. Ya han pasado 21 años, el vacío es grande pero su recuerdo vivirá por siempre, es el beneficio que tiene convertirse en leyenda.

¡Hasta siempre Ayrton!

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