Rat Rods: De vuelta a lo básico

Esta de acá es una rata diesel. / Foto: HorsepowerMonster.com

Por: Juan Sebastián Peñuela Sánchez
En Twitter: @CarJournalist

Sucios, incompletos, oxidados y caseros, pero muy extremos, es así como estos vehículos reclaman su estatus de carros para disfrutarlos y establecer una estética y modo de vida propios, muy diferentes de los famosos hot rods que los inspiraron.




Parece un Dodge, pero hay un mosaico detroitiano ahí dentro. / Foto: Flickr.com/hugo90

El paisaje automovilístico de Estados Unidos lo dominan, en muchos casos los llamados "hot Rods", máquinas con carrocerías de Ford, Chevrolet o Willys de las primeras décadas del Siglo XX, con impecables y brillantes trabajos de lámina, motores cromados e interiores lujosos. Tales autos son el sueño de muchos y para llegar a obtener o construir uno se requieren cantidades astronómicas de dinero y experiencia.

Pero los hot rods evolucionaron, ramificándose en tendencias que enriquecen la escena custom. Así, los "street rods"(que privilegian la maniobrabilidad sobre el simple desempeño en línea recta), los "billet rods" (con partes de aluminio remachado, los "show rods" (únicamente para ser exhibidos), los "lowriders" (con suspensiones neumáticas ajustables, casi pegados al suelo y con estética chicana) o los mismos "rat rods" que trataré hoy pueden reclamar el parentesco con aquellos hot rods originales, pues son modificaciones estéticas y técnicas de una misma pasión, nacida luego de la Segunda Guerra Mundial.


¿No hay dinero? ¿Qué importa eso? Usa lo que encuentres. / Foto: Flickr.com/dok90

Historia ratonil
El origen de esta corriente tan particular puede haber sido el siguiente: la "rata" habría surgido de un estilo rediseñado en 1972 por la revista Rod & Custom Magazine, que mostraba un auto de bajísimo presupuesto, con una sola capa de pintura como alternativa a los cada vez más caros y estilizados "hot rods". Esto pudo causar la reacción que daría forma a las "ratas", algunos veían que los hot rods se iban transformando en algo demasiado glamuroso y sofisticado, y comenzaron a extrañar los originales, los de los abuelos y la simple honestidad de un carro que cumpliera su directriz primaria: correr sin restricciones. Así nación el "rat rod", un estilo que retorna a las raíces de la personalización: hechos a la medida, con lo justo, y cuyo único atractivo es desarrollar altísimas velocidades sin prestar la más mínima atención a la pulcritud o estado de la carrocería. Están construidos para disfrutarse desde el asiento del conductor y no en una exhibición, tras una cuerda de terciopelo.

Sin palabras... / Foto: Flickr.com/DVS1mn

Pero no es un simple afán de contradecir lo que mueve este género. Detrás de su desafiante estética vintage hay toda una subcultura que incluye géneros musicales como Psychobilly, Rockabilly y Hardcore, junto a otros elementos como tatuajes en abundancia, cultura surf y las famosas pin-ups. Así sientan una verdadera marca de individualidad sobre los aficionados corrientes.


Esta International debido ser relativamente sencilla de lograr. / Foto: Flickr.com/inkknife_2000

Nacimiento de chatarrería
Un rat rod típico suele ser una cupé o rodaster fabricado originalmente entre los años '30 y '50, con la carrocería muy cercana al piso, sin bómpers, con llantas delgadas (bias-ply) de cara blanca más grandes atrás que adelante, motor al descubierto, potencia de sobra -aunque en sus inicios no fuese así- y tapicería de fabricación casera, al igual que muchas d ellas -imperfectas- adiciones del vehículo. El término rat rod lo acuñaron los hot rodders como un mote despectivo y sucio, pero los rat rodders se sintieron tan halagados, que adoptaron el título.
Un verdadero rat rod nace del abandono: por lo general se encuentran desmantelados y oxidándose lentamente. De ahí en adelante, la modificación corre por cuenta del dueño, quien decide si conserva el óxido y la corroída pintura o lo cubre con una capa de negro mate, único tono aceptable en un auto de esta corriente. Para mantener los costos muy bajos no hay discriminación de partes: a un descolorido chasis de Ford puede acoplarse una oxidada carrocería de un Mercury, un recién rescatado motor de Cadillac, los ejes de un Dodge tirado por ahí, los guardabarros del Plymouth que dejó el abuelo recientemente fallecido y todo cuanto esté disponible.


pátina y abandono, principales ingredientes deseos autos contestatarios. / Foto: Flickr.com/chainsawpanda

Según esa misma premisa, la mecánica y las suspensiones deben ser lo más simples posibles, es decir, suspensiones de ejes rígidos y transmisiones de 4 marchas a lo sumo. Además, todo se puede encontrar en cualquier chatarrería; si el piso está en muy mal estado, pues simplemente, se adapta cualquier lámina metálica remachada sin mayor dedicación, un panel, si es necesario, o hasta esa lata de aceite de 5 litros que descansa hace lustros sobre la estantería encontrará pronto uso.
Algunas prácticas comunes consisten en reducir la altura de sus pilares para que los techos sean más bajos, instalar sillas muy rústicas o dejar la desgastada tapicería original con un poncho como gran concesión a la comodidad, cortar o modificar inmisericordemente guardabarros y defensas así como remover velozmente el cromo que haya sobrevivido al abandono. Es casi una norma implícita descartar el capó del auto para hacer visible su motor -oxidado o sin modificaciones estéticas que puede ser de cualquier tipo, incluso diesel- especialmente si el vehículo pertenece a las décadas de los  '30 o '40.
Varias épocas del automóvil se dan cita en la construcción de una "rata", que al final, es producto de lo que su paciente dueño encuentre para elaborarlo. Las únicas concesiones al lujo son los neumáticos de cara blanca, de un pasado ya lejano.


Son artesanías en cada uno de sus detalles. / Foto: Flickr.com/inkknife_2000

Ratas rudas
En el apartado púramente estético hay pocas cosas que decir, conociendo la aversión de los rat rodders por los ornamentos de los que hacen gala sus primos hot rodders con dinero. Sin embargo, entre los pocos elementos que se destacan hay cruces de hierro pintadas o en las siluetas de los espejos retrovisores, cascos alemanes de la II Guerra Mundial, calaveras, demonios, llamaradas y en general, contenidos con temáticas fúnebres y oscuras. Fink la Rata -Rat Fink- es el personaje de ficción preferido por su aspecto desaliñado y grotesco, prefecto reflejo de función sobre estética. Así pues, la estética y la industria que se han desarrollado alrededor de dichos vehículos les otorgan la identidad chicos malos que refresca la escena -aunque en Colombia se las ratas se pueden contar con los dedos de la mano- entre tanta meticulosidad y perfección de los hot rods modernos.

Este es el melting pote del que se trata un rat rod. / Foto: Flickr.com/valder137
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